Encuentro con el gerente de un cannabis club.

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Max (su nombre ha sido cambiado) tiene 35 años.
Nacido parisino, decidió hace 4 años irse a Barcelona para abrir un cannabis club. Una elección lógica cuando uno lo piensa bien. Max fuma y cultiva desde siempre, en algún momento su asunto tenía que existir y crecer legalmente.

Barcelona fue en seguida una evidencia, por lo contrario de Amsterdam, que para él era  inviable por razones económicas. Crear un cannabis club cuando uno es europeo en Cataluña  resulta ser mucho más simple. Sólo basta un poco de paciencia, de un abogado, de tiempo para el papeleo y el trabajo administrativo y, así, en un año, el cannabis club de Max abrió sus puertas.

 

La inversión no es enorme. El cannabis que vende Max se reparte entre cada miembro. Cada compra ingresa directamente en las cajas del club como dentro de cualquier asociación sin ánimo de lucro. El objetivo siendo que sus miembros vengan a hacer una donación para poder fumar dentro de su club. Max se ve a sí mismo como el presidente de una asociación de pescadores, gestionando un círculo de apasionados que discute y habla de un arte demasiado desvalorizado por los Estados. Max vive de un pequeño salario que se paga cada mes. No gestiona una economía, vive de pan y cebolla y es plenamente feliz.

Las reglas en lo de Max son simples: para inscribirse en su club, hay que ser residente barcelonés y conocer una persona que ya sea miembro. Así se recibe las llaves del almacén, el objetivo siendo de establecer un círculo privado en el cuál la cultura de las plantas es compartida. La tarifa de inscripción es de 10 euros por año y el gramo vacila entre 6 y 10 euros.

Está prohibido consumir más de 60 gramos por mes. Una restricción sensata para eliminar todo riesgo de mercado negro: es el protocolo de guía de buenas prácticas cómo lo llama él.

El club recibe inscripciones que llegan de todo tipo de perfil, un poco mas de hombres que mujeres y las edades varían entre 25 y 35 años.

El menú que propone ?
Según las cosechas, el menú cambia cada 3 meses. Se provee en plantaciones (lugares  evidentemente mantenidos secretos) para tener todo tipo de cannabis, muchos clásicos, pero no quiere dar demasiados detalles: Cookie, Kush, Diesel, Amnesia, Cah, Bulbe Cash ( hash que hace él mismo) y la Gorilla blue, su preferida.

La que se vende mejor es la famosa Amnesia. Para conocer las tendencias del momento, internet sigue siendo la mejor herramienta, pues la TV no sirve de mucho cuando nos ponemos a hablar de cannabis.

Max encontró el equilibrio perfecto.

Mismo si no consigue pronosticar el futuro del cannabis club, debido a un contexto político inestable: “nadie se mueve de forma clara“.

A pesar de eso, le gusta decir que es el país que tiene más movimiento de Europa, sigue siendo mucho más abierto que Francia que es demasiado represor, sin ningún tipo de comprensión en cuanto a los cambios sociales.

Según él, la legislación francesa no va a empezar a cambiar y, mismo si se da el paso será algo parecido a América. El mundo artesanal del cannabis será devorado por las industrias. Las  patentes importantes serán atribuidas a las empresas grandes. Los granjeros, como los agricultores hoy, tendrán el cuchillo pegado a la garganta. Más vale quedarse en Barcelona por ahora.

 

 

 

ZEweed

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